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La necesidad de evaluar la eficiencia energética

Hasta la publicación del RD 235/2013, en que se aprobaba el procedimiento para la certificación energética, ya era obligatorio disponer de una evaluación de la eficiencia energética en edificios de nueva construcción, ya que así se establecía en la Directiva 2002/91/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 16 de diciembre de 2002, que se transpuso en el Real Decreto 47/2007, de 19 de enero.

En parte, estas actuaciones quedaban garantizadas con la irrupción del CTE ( Código Técnico de la Edificación). Lo que se viene a compensar, con la entrada en vigor del nuevo RD, que obliga también a evaluar edificios existentes, es un vacío que quedaba, ya que se calcula que de los 26 millones de viviendas que existen en nuestro país, hay unos 6 millones de más de 50 años de antigüedad. Teniendo en cuenta que hasta el año 79 no entra en vigor una normativa que obligaba a las viviendas a cumplir unos mínimos de aislamiento térmico, podemos afirmar que la mayor parte de estas viviendas se construyó sin los mínimos requisitos de eficiencia energética.

Se impone pues, evaluar la eficiencia energética y contribuir a la mejora del parque de viviendas en España, y esto implica la rehabilitación energética de aproximadamente 400.000 viviendas al año, para cumplir con las directrices de la Unión Europea para reducir los consumos en Energía y las emisiones de CO2.

consumo oficinas-viviendasSe calcula que casi el 18% del consumo de energía en nuestro país lo realizan las viviendas, y en ese sentido cabe apuntar que para llegar a un equilibrio interesante en el consumo energético, hay que mejorar tanto la eficiencia pasiva como la activa.

Eficiencia pasiva y eficiencia activa

La eficiencia pasiva es la que tiene que ver con el “envoltorio”, con la envolvente térmica del edificio, que es la superfície de cerramiento del edificio que separa los recintos habitables y climatizados con el ambiente exterior. Es decir, la calidad del recipiente arquitectónico determinará una mayor o menor demanda.

Por otro lado, la eficiencia activa es la que supone mejoras en las instalaciones del edificio, haciendo uso de las diferentes energías alternativas o combinadas con las energías tradicionales y con avanzados sistemas de nueva generación que mejoren el rendimiento y contribuyan a minimizar el consumo energético, y por tanto, la factura final.

¿El futuro de la construcción?

El reparto de los consumos depende mucho de la climatología y el uso de cada tipo de edificio ( ver gráfico adjunto) y de aspectos como las renovaciones de aire. Por eso es tan importante no sólo concienciar a la población en la mejora de nuestros procedimientos constructivos para conseguir edificios más eficientes, sino en la aplicación de medidas correctivas y de mejora de lo ya existente, a través de la rehabilitación energética, que muchos postulan como el nuevo motor de la construcción y la única vía para salvar el sector, en una época en que la obra nueva está en mínimos históricos.

 

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